Durante bastante tiempo pensé que una de las cosas que más miedo me daban era fracasar. Equivocarme, tomar una mala decisión o elegir un camino que terminara saliendo mal. Tiene sentido pensarlo porque es un miedo lógico y bastante común.

Con el tiempo he visto que mi miedo iba por otro sitio.

No creo que me dé tanto miedo equivocarme.

Creo que me da más miedo seguir igual.

El problema no siempre es caer; a veces es no moverse

No quieto en un sentido físico. Quieto por dentro.

Hay una diferencia enorme entre vivir una etapa tranquila y empezar a notar que entras en una especie de inercia donde los días pasan, las semanas pasan y de repente también pasan los años sin una sensación real de movimiento.

Ese tipo de quietud no siempre duele de forma espectacular. A veces se parece más a una pérdida lenta de implicación. Sigues cumpliendo. Sigues yendo. Sigues respondiendo a lo básico. Pero cada vez notas menos curiosidad, menos energía propia y menos sensación de estar realmente dentro de tu vida.

Eso da bastante miedo porque por fuera incluso puede parecer que todo va razonablemente bien. No hay ningún desastre visible. No hay una caída aparatosa. Lo inquietante es precisamente que puedes seguir funcionando así durante mucho tiempo.

Esperar a empezar también gasta años

Una de las cosas que más inquieta de ese estado es mirar atrás y sentir que has estado presente en tu propia historia solo a medias.

Como si hubieras pasado demasiado tiempo esperando a empezar algo. Esperando a sentirte mejor. Esperando a tener otra versión de ti antes de permitirte ciertas experiencias. Esperando la claridad, la fuerza o el momento correcto.

Y mientras tanto la vida no se queda en pausa.

Sigue avanzando igual.

Por eso el miedo no siempre está en que algo salga mal. A veces está en descubrir que llevas demasiado tiempo dejando que casi todo te pase por al lado.

Lo que da miedo no es el riesgo; es la costumbre vacía

No hablo de convertir la vida en una colección de momentos épicos. No hablo de viajar por medio mundo ni de vivir al límite.

Hablo de algo bastante más pequeño y bastante más difícil de sostener: seguir sintiendo curiosidad por algo, notar que todavía te sorprendes, conservar cierta capacidad de emocionarte y no perder del todo la sensación de que tu vida aún puede moverse en alguna dirección propia.

Creo que lo contrario de eso no es el peligro.

Es la inercia.

Y por eso algunas veces me da más miedo imaginar un futuro donde todo siga exactamente igual que uno donde algo salga mal. Porque lo segundo al menos implica movimiento. Lo primero empieza a parecer costumbre vacía.

Estabilidad y parálisis no son lo mismo

No estoy diciendo que la rutina sea mala. Ni que la paz cotidiana sea un problema. Todos necesitamos cierta estabilidad.

El problema aparece cuando la estabilidad empieza a confundirse con quedarse parado. Cuando ya no sabes si estás sosteniendo una vida tranquila o simplemente te has ido acostumbrando a una versión demasiado reducida de ella.

Ahí es donde el miedo cambia.

Ya no da tanto miedo fracasar.

Da más miedo mirar atrás dentro de otro año y notar que casi nada se ha movido por dentro.

Seguir igual también desgasta

Supongo que por eso este miedo se parece menos al pánico y más a una incomodidad persistente.

No es una escena dramática. Es algo que aparece cuando notas que llevas demasiado tiempo esperando a sentirte preparado para vivir ciertas cosas. Cuando todo lo importante parece quedar siempre para después. Cuando empiezas a sospechar que no te está frenando solo el miedo a equivocarte, sino la costumbre de aplazar tu propia vida un poco más.

Y esa sospecha, cuando se repite, desgasta bastante.

Seguir leyendo

Si quieres seguir por la parte del malestar silencioso y esa sensación de estar funcional por fuera pero incómodo por dentro, entra en Emociones y ruido mental.

Si te interesa una pieza más centrada en bloqueo y sensación de no arrancar, sigue con Qué se siente con TDAH cuando no consigues empezar.

Si prefieres otra entrada sobre cómo dejar demasiadas cosas para después también te va colocando en una vida concreta, pasa por No decidir también te va construyendo una vida.