Querer encajar sin imitar del todo a nadie es un equilibrio raro de sostener. Por un lado quieres formar parte, llevarte bien, no ir a contracorriente de todo. Por otro, no quieres convertirte en una copia, adoptar gestos, opiniones y formas que no son tuyas solo para que te admitan. Y entre esas dos cosas hay una línea fina que cuesta encontrar.
Porque encajar pide algo de adaptación, eso es real. Pero hay un punto en que adaptarse se convierte en imitar, y ahí ya no estás encajando: estás desapareciendo dentro del grupo.
Adaptarse no es lo mismo que diluirse
Hay una diferencia entre ajustar y borrarse. Ajustar es razonable: moderar el tono según el sitio, coger algún código del grupo, no soltar todo lo que piensas en cualquier momento. Eso no te quita nada; es vivir en sociedad. Diluirse es otra cosa: cambiar lo que opinas, fingir gustos, copiar maneras que no van contigo hasta que ya no se distingue qué eras antes de entrar.
La señal de que has cruzado la línea es interna: notas que estás actuando un personaje más que adaptándote. Que en ese grupo eres otra persona, no una versión moderada de ti. Ajustar lo puedes sostener sin coste; imitar cansa, porque mantener algo que no eres no descansa nunca.
Imitar para entrar te garantiza no pertenecer
La paradoja es que cuando te imitas para encajar, consigues lo contrario de lo que buscabas. Sí, te admiten, pero admiten a la copia, no a ti. Así que por mucho que entres, no vas a sentir que perteneces, porque el que está dentro no eres tú, es el personaje que montaste para entrar.
Y ese personaje hay que sostenerlo. Cada vez que el tú real asoma, hay que volver a meterlo dentro para que no se note. Es un trabajo constante de vigilarte, y el premio es un sitio en un grupo que en realidad no te conoce. Mal negocio, aunque al principio parezca un éxito.
Encajar como uno mismo es más lento pero aguanta
Lo que de verdad funciona es más lento y da más miedo: entrar siendo tú, con tus rarezas moderadas pero presentes, y ver dónde eso encaja. A veces no encaja, y entonces ese no era tu sitio, lo cual es información útil, no un fracaso. A veces sí, y entonces el encaje es real, porque están aceptando lo que eres, no una imitación.
Con los años se aprende a hacer esto con menos ansiedad. Dejas de querer entrar en todos los grupos y dejas de pagar el precio de copiarte para conseguirlo. Encajas donde encajas siendo tú, te llevas bien sin desaparecer en el resto, y resulta que esos sitios donde no tuviste que imitar a nadie son los únicos donde estás de verdad cómodo.
Seguir leyendo
Si esto te toca, sigue por Trabajo y vínculos.
Para la diferencia entre encajar y pertenecer, pasa por Pensar diferente te convierte en el raro hasta que algo encaja.
Y si pensar distinto te dejaba como el raro, está Pensar diferente te convierte en el raro hasta que algo encaja.

