Intentas descansar y no encuentras silencio dentro. El cuerpo está parado, en el sofá, en la cama, sin nada urgente que hacer. Pero la cabeza no se ha enterado. Sigue a su ritmo: pensamientos, repasos, planes, conversaciones, ideas que se cruzan. El descanso de fuera no entra dentro.
Y entonces el rato de parar no descansa, porque parar el cuerpo y parar la mente resultan ser dos cosas distintas. Tú habías quedado con el descanso, pero la cabeza no firmó ese acuerdo.
El silencio no se consigue mandándolo callar
Lo primero que uno intenta es ordenarle a la cabeza que se calle. "Para. Relájate. No pienses." Y es justo lo que no funciona, porque vigilar si te estás callando es otra forma de estar activo. Le pones un guardia al ruido, y el guardia hace ruido también.
Cuanto más persigues el silencio, más lejos se va. Es como intentar dormir mirando el reloj: el esfuerzo por conseguirlo es lo que lo impide. La mente no se apaga por decreto; si pudiera, ya lo habrías hecho hace rato.
A veces el cuerpo entra antes que la cabeza
Lo que suele funcionar mejor es dejar de ir directo a por el silencio mental y entrar por el cuerpo, que es más manejable. Moverte un poco, algo físico y sin pensar, una tarea manual aburrida, un paseo. No para distraerte de la cabeza, sino para darle a la mente un sitio tranquilo donde apoyarse mientras baja sola.
El silencio total a lo mejor no llega, y tampoco hace falta. Con que las revoluciones bajen un par de puntos ya es descanso. No es apagar el motor; es ponerlo al ralentí. Esperar el silencio absoluto es esperar algo que para algunas cabezas casi nunca viene, y mientras lo esperas no descansas.
Aceptar el ruido de fondo también descansa
Parte del cansancio de no encontrar silencio no es el ruido en sí, es la pelea contra el ruido. Te enfadas porque no consigues la calma que crees que deberías tener, y esa pelea cansa más que los propios pensamientos.
Cuando dejas de exigirte un silencio que no va a venir y aceptas descansar con la cabeza puesta de fondo, paradójicamente se está mejor. Dejas de luchar. El ruido sigue ahí, pero ya no peleas con él, y resulta que se puede descansar bastante bien con la radio puesta baja, siempre que no te empeñes en apagarla del todo.
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Si esto te toca, sigue por Emociones y ruido mental.
Si el ruido viene de tener mil cosas abiertas a la vez, pasa por El cansancio de estar mentalmente de guardia.
Y si lo que aparece al parar es la culpa, está La culpa de descansar.

